LO QUE ULTIMAMENTE ME TRANSMITEN ALGUNOS TRABAJADORES DE PERSAN


¿Es bueno ser importante?

 Dicho así la pregunta parece un poco tonta, y puede que lo sea pero a mí no para de darme vueltas en la cabeza estos días y no acabo de encontrarle solución.

 Veras, yo soy un sencillo trabajador de  línea de envase que tras un montón de años en PERSAN lo único que ha conseguido es un nivel 8 y un puesto de esos que según el encargado es de lo mejorcito del envase pero que según mis cervicales, lumbares y riñones es una puta mierda. Perdón si ofendo, igual por eso no he progresado.

 Claro, a la vista de lo dicho, yo estaba hasta hace unos días convencido de que si había alguien poco importante en la fábrica ese era yo.

 Todos los indicios iban en la misma dirección, me explicaré, si hay un grado de valoración bajo en la fábrica, ese era el mío, si hay un curro del que todas las demás secciones de la fábrica huían como de la peste, ese era el mío, si hay un trabajo que cualquiera puede hacer pero que todos prefieren no hacer, ese era el mío, si hay alguien que cobre uno de los salarios más bajos de la fábrica, ese soy yo.

 Y la cosa no se acaba ahí, porque si después de negociar un convenio queda un dinerillo para compensar algún sector discriminado, ese no es el mío, si se puede arreglar subir unos cuantos grados de valoración a gente infravalorada, ahí no estoy yo, si hay unas cuantas mejoras, esas no son para mí, esas ni las huelo.

 En definitiva si hay alguien poco importante en la fábrica, ese soy yo.

 Claro aunque uno quiera superarlo la autoestima se resiente y en ocasiones hay que reforzarla con un poco de imaginación, supongo que a muchos os habrá pasado lo mismo. Por ejemplo:

 Te encuentras a ese amigo que no veías desde el cole y normal ¿Cómo te va?, ¿Dónde curras?, ¿Te has casado?, ¿Tienes niños?, ¿Te has divorciado? Y ya tras la primera tanda ¿Joder en PERSAN?, Y qué ¿Seguro que tienes un chollo, no?, Una empresa grande un tío serio y preparado como tú, seguro que ya eres medio jefe ¿No?

 Y allí me ves diciendo: Hombre pues sí, no estoy mal, tengo un nivel 8 (Menos mal que el tío no sabe cual es la escala) y ya ves, bien, voy haciendo. Con lo que el colega piensa joder seguro ha triunfado y se hace el discreto.

 Porque claro, si le dices que tienes el nivel de los más bajo de la fábrica porque el sistema de promociones tiene más tongo que la lucha libre americana, el amiguete pensará: fracasao y encima resentido. Así que mejor tirarse el pegote y palante.

 Pero lo peor es cuando tú niño te mira con su cara inocente y lleno de admiración hacia su papá dice eso de: ¿Verdad que tú eres mú importante en PERSAN? es que mi amigo Miguelito dice que su papá planta árboles pal Ayuntamiento y que es más importante que tú. Y tú le miras con ternura y le dices que eres más importante que el padre de Miguelito y hasta que el alcalde, mientras piensas, menuda pareja de importantes que hacemos el padre de Miguelito y yo, por los cojones.

 Sin embargo últimamente algo está cambiando, empezó poco a poco, pero la cosa estaba clarísima.

 El primer síntoma lo noté un día que estaba en la cama con gripe y 39 de fiebre cuando recibí una llamada nada menos que del Servicio Médico de la Empresa poniéndose a mi entera disposición para colaborar en mi entera recuperación. Mi mujer quedó impresionada y dijo eso de:

 Oye, no sabía yo que fueras tan importante en la fábrica.

 Hasta mi niño me miró con cara de adoración, ahora se iba a enterar el Miguelito.

 Más tarde, en otra ocasión cuando estando en mi puesto le dije al encargado que al día siguiente tenía que salir a media mañana para ir al especialista noté que se desencajaba y me decía:

 ¿Y tiene que ser precisamente mañana? Es que justo mañana me faltan 3.

 Esto era la confirmación de lo que yo pensaba, definitivamente empezaba a ser importante, aunque no lo entiendo demasiado, ya que si la fábrica está llena de gente con más nivel que yo y que gana mucho más ¿Porqué es tan grave que yo vaya al especialista un día? Con que me sustituya cualquiera de ellos arreglado.

 Pero todo eso eran minucias la confirmación definitiva ha llegado estos días, resulta que el futuro de la fábrica está en mis manos, bueno en las mías y en las del resto de coleguitas de la línea que tampoco hay porqué ser tan personalista.

 ¿Crees que exagero? Pues no, para nada.

 Veras, la Dirección por fin ha llegado a la conclusión de que los de las líneas somos los más importantes de la fábrica. Cuando llega el momento de negociar el convenio no dicen: los directores tienen que hacer esto, o los encargados deben hacer aquello, ni siquiera los administrativos tienen que hacer lo otro, no todos esos no son ni pizca de importantes. Y por eso van y dicen: los de las líneas tienen que trabajar un 20% más deprisa, además ser más eficientes y polivalentes.

 Claro, habrá quién piense, pero eso lo dirán por hacernos una cortesía, será como quién dice un detalle, para que nos sintamos importantes.

Pues no señor la prueba de que somos importantes de cojones, es que dicen que si hacemos eso están dispuestos a contratar a 60 trabajadores más y que en caso contrario la fábrica tendrá una viabilidad dudosa.

 Y si me quedaba alguna duda ya van por la fábrica unos cuantos de esos que son tan insignificantes que no están ni siquiera en las líneas ( Parra,Villegas,etc.etc..) que nos dicen eso de, mira yo creo que por tú bien deberías trabajar más porque de lo contrario todos corremos peligro, y claro uno que es un blando se pone a dudar, no por si mismo, más bien por el insignificante de fuera de la línea que seguramente si va a la calle será incapaz de encontrar un chollo como el que tiene, pobrecito y encima se preocupa por mí y viene a pedirme que sea flexible, es enternecedor el buen corazón que demuestra y yo en plan egoísta que vergüenza.

 Esto de ser importante empieza a resultarme un poco molesto.

 Y ahora creo llegado el momento de confesaros un trauma infantil que hace que eso de ser importante me de un poco de miedo.

 Cuando era un crío fui a pasar unas vacaciones al pueblo de mis abuelos. Entonces me regalaron un pollito chiquitín. Era un pobre pollito desvalido e insignificante, andaba por el patio asustado, pero yo le daba de comer y me ocupaba de que no le pasara nada.

 Poco a poco el pollito se convirtió en un gallo grandote, daba gusto verlo paseando por el patio sintiéndose cada vez más importante, tremendamente importante, hasta que un día apareció mi abuelo con la navaja albaceteña y…

 En fin todavía recuerdo la mirada de decepción y tristeza que me dirigió el gallo en sus últimos segundos, lo tengo clavado.

 Y estos días pienso:

 ¿No será, que me están haciendo tan importante para pegarse una comilona a mi costa?

 Firmado:

Uno que no quiere ser importante

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